La siguiente es una traducción que hice del portugués(espero que sea lo suficientemente buena, pues no encontré ninguna versión "oficial" en inglés ni en español), del poema "Credo Panteísta" de Esmeraldo Siqueira. Lo encuentro apabullantemente hermoso.
Credo panteísta
Creo en ti, Natureza, eres mi culto.
Creo, sin ritos místicos y altares.
En el esplendor extenso de los mares,
Donde asoma la grandeza de tu rostro.
Creo en tu fuerza, y temo, y me regocijo,
Viendo, a través de lentos avatares,
La gradación de formas singulares,
Hasta la maravilla del hombre culto.
Creo en tus florestas, en tus cumbres,
En la poesía de los ríos y las fuentes,
En la belleza de la tierra florecida.
Creo en las lindas noches estrelladas,
En el refugio de las blancas alboradas,
En la sinfonía universal de vida.
viernes, 13 de noviembre de 2009
Dándole vueltas al asunto...

Seas quien fueres, esto es para tí. Esto es para todos los que puedan leerme.
No quiero prolongarme más de la cuenta en el asunto, pero necesito compartirles algo que considero de suma importancia para todos.
Hoy asistí a un panel sobre cambio climático en Flacso, que puso muchas cosas en mi cabeza y me ha hecho cuestionarme en otras tantas.
Creo que para ninguno de nosotros el cambio climático es un tema nuevo: cualquiera con dos dedos de frente puede ver cómo está lloviendo fuera de temporada, cómo las jacarandas y los matilisguates florecen mucho antes de Semana Santa, cómo nos vemos afectados por sucesiones de ondas frías y sequías nunca imaginadas, cómo el clima es cada vez más impredecible.
Pronto viene la reunión en Copenhague. Probablemente ahí se determine el destino de todo el planeta. Confieso: quiero ser optimista. Quiero tener esperanza en que esta vez se hará algo. Pero es difícil viendo cómo fracasó Roma, Rio de Janeiro, Kioto, Johannesburgo…
Sí, me frustra en grado sumo que los intereses de unos pocos nos jodan al resto. Pero ese no es el caso ahora.
También me llama la atención (entre otros temas que se mencionaron en el foro) cómo últimamente los ojos de todos nosotros están puestos en Atitlán: ese lago que parecía sagrado e intocable, nuestra “maravilla mundial”, nuestra “gallina de los huevos de oro” se está muriendo. Lo peor es que no podemos culpar a nadie más que a nuestra propia negligencia, y no cambiamos nada uniéndonos a grupos de Facebook.
El tema de Atitlán ha brotado como pus en una llaga. Es sólo síntoma de una infección muy profunda. Estamos matando a la Madre Tierra, la vendemos a cambio de espejitos de colores.
Recuerdo que escuché decir a algunos representantes del MARN que estábamos trabajando, que había avances. ¿Cuáles? El hecho que se mencione el tema más a menudo no indica un progreso.
Compañeros, hemos avanzado en palabras pero no en acciones.
He ido a foros, he leído montañas de documentos y he hablado con infinidad de personas. En todos lados se menciona lo defectuoso de nuestra ley, la poca institucionalidad, lo avaricioso de la oligarquía… en fin, el triste papel que desempeñan los poderes que nos rigen. Que son una mierda, nadie lo pone en duda. Que cuesta un mundo moverlos, no deja de ser cierto.
No obstante, lo que me cuestiona es lo poco que se habla de nuestro rol como sujetos de cambio. He visto a personas señalar la minería y comprar oro, criticar el cambio climático y manejar SUVs, lamentarse por el despilfarro y reventar la tarjeta en centros comerciales.
Por eso hoy te pregunto ¿qué haces tú, o qué dejas de hacer?
No es un señalamiento. No soy perfecta y me reconozco parte del problema. Sin embargo, tengo esperanza en que también puedo ser parte de la solución.
Estamos viviendo un momento crítico, social y ecológicamente. Ya no podemos seguir procrastinando, estamos contra el reloj. No podemos seguir esperando a que las transnacionales, los gobiernos y las organizaciones internacionales se pongan de acuerdo y solucionen los problemas. No somos poderosos, pero somos la mayoría. No subestimemos el impacto que nuestras acciones como individuos tienen a nivel global.
En nuestras manos está decidir qué consumir y cuánto. Piensa en las pequeñas cosas que realizas día a día.
¿Utilizas tu vehículo aún si no es necesario, por la pereza de caminar?
¿Cuánta agua usas para bañarte? ¿y para la limpieza de tu casa?
¿Has capturado o comprado algún animal exótico como mascota?
¿Dejas enchufados los cargadores de celular?
¿Compras más comida de la que realmente consumes? ¿La dejas arruinarse en el refrigerador?
¿Adquieres cosas porque las necesitas, o por satisfacer caprichos?
¿Dejas las luces encendidas cuando no las estás usando?
¿Tiras cosas que todavía sirven sólo porque ya no son “modernas”?
¿Cuánta carne consumes? (producir una hamburguesa, genera la misma cantidad de gases invernadero que manejar un coche de 1.3 toneladas por casi 16 kilómetros)
Puede que Copenhague resulte ser más de lo mismo, pero tu esfuerzo puede cambiar las cosas. He etiquetado y enviado este sencillo post a casi 100 personas. ¿Qué pasaría si cada uno pusiese lo mejor de su parte?
No sé tú, pero yo quiero que mis sobrinos, mis alumn@s y todos los niños que vienen después de mí disfruten del aire puro, que puedan subirse a los árboles y nadar en los ríos. Quiero que aprecien la diversidad de seres que habitan la Tierra y que aprendan que todos, por diferentes que parezcamos, formamos parte de una sola realidad.
¿Qué deseas tú para ellos? ¿Qué vas a hacer por su futuro?
domingo, 8 de noviembre de 2009
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

